Desmemorias de un instante perpetuo

“Recuerdo de un paciente”
Por: Luis Fernando Suárez

Hoy tuve la oportunidad de conocer a N. sus teorías sobre el tiempo, a pesar de ser un esquizofrénico, son sumamente interesantes… me recuerdan a Kierkegaard y Bergson. Apenas me vio no tardó en entablar una conversación de lo más profunda conmigo. “Doctor, los símbolos se han vuelto contra mí” fue la primera expresión que me lanzó cuando entré en su cuarto. -¿Qué símbolos?-le pregunté- cualquiera. La realidad, a la luz humana, sólo puede ser expresada por medio de algún tipo de símbolos. El lenguaje, sea escrito u oral, debe de ser expresado en símbolos, lo mismo la mismo los sentimientos, o la música. Cuando alguien pierde la capacidad de leer estos símbolos como lo hacen los demás está perdido, nadie lo comprende y creen que uno está loco. La realidad en sí misma sólo es física no simbólica, sin embargo la cultura la hace ser simbólica, y si uno no se adapta a esto es un loco o un filósofo… igual ambos son mal vistos. Usted, esta institución psiquiátrica, yo… tenemos un título ya sea como doctor, como hospital, como loco… todo ello son símbolos de una cultura que ha de querer llamarnos así; pero tanto usted como yo y este edificio sólo somos materia que ha evolucionado por el tiempo.
Lo escuché con atención y salí de su sala, sus palabras me parecieron bastante cuerdas para que fuera un loco. Decidí ponerle una atención especial. Al día siguiente lo visité de nuevo a eso de las 9 de la mañana. Al llegar a su habitación otro dilema filosófico fue lanzado.

-Sabe doctor, últimamente he leído a Marx, y creo que la muerte natural es una idea del materialismo dialéctico con trasfondo sociopolítico, la cual posibilitara al final de la historia la capacidad para morir en el momento justo, en el momento en que el hombre desee, sin dolor ni angustia. Eso que algunos psiquiatras con usted llaman eutanasia activa.
-¿Quiere usted morir?
-y aunque no lo quisiera, es algo que debo hacer, es algo inevitable. Vivimos sólo para saber que hemos de morir. Esta idea del ser para la muerte, lejos de ser angustiante, es alienante. Heidegger pensó que el hombre sentía angustia al saber que va a morir, peor la angustia es engendrada en que no sabe en que fecha lo hará. Sin embargo es una idea tonta, ya que, la angustia se engendra en la nada misma, en una posibilidad y por ello en lo desconocido. Todos sabemos que vamos a morir, es algo que tenemos seguros, somos evidentemente seres para la muerte; pero esto no es lo que angustia, lo que angustia sería el no tener la fecha de nuestra muerte. Aquí en todo caso hablaríamos de una angustia a lo desconocido, no a la muerte. Pero lo importante, lo que nos destruye de la muerte, es que no la elegimos, tampoco la vida, pero a ésta la vamos eligiendo a cada momento, en cambio en la muerte no participamos, no nos sentimos parte de ella y nos alienamos. Es decir, no producimos nuestra propia muerte.
-¿Por qué no se suicida? Así produciría usted su propia muerte.

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